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Contra la crisis, en Euskadi

Escrito el Mayo 18th, 2009 por Jose Maria Perez de Villarreal2 comentarios

Preliminares

Arde la economía en Euskadi, como en otras partes, abrasando  el empleo. La tasa de paro viene a ser el gran campo o edificio quemado, y los parados las grandes víctimas del incendio. Una sociedad con muchas personas paradas es una sociedad quemada, herida y levantisca. No hay equilibrio social cuando un alto porcentaje de la población está parada, sin ingresos. Los marginados terminan pasando de una primera actitud de ‘brazos caídos’ a otra de ‘brazos armados’.

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Además, el paro está emergiendo como una gran nube tóxica que amenaza a nuestro sector bancario (bancos, cajas y cooperativas de crédito que operan en el País Vasco), pues contamina su cartera de créditos hipotecarios y personales, cargándola de morosidad e insolvencia, al no poder los parados hacer frente a sus compromisos financieros.  La fosa del paro está convirtiendo en “sub-prime” muchos prestamos que ‘a priori ‘ se concedieron con prudencia.

Ni decir tiene que, mientras no cese esta contaminación bancaria,  el flujo de crédito hacia las empresas se estrechará y se encarecerá (a pesar de la bajada del euribor, debido al fuerte aumento de la prima por riesgo), lo que provocará  una congelación en cadena de actividades económicas -producción, inversión y empleo-,  creándose un círculo vicioso  en el que el paro se auto-alimenta.

Otro efecto pernicioso del desempleo  es que se reducen las cotizaciones netas a la seguridad social, merma el número de afiliados y con ello, a largo plazo, se erosiona el sistema de pensiones en una sociedad donde la esperanza de vida es cada vez mayor.

De ahí que las medidas perentorias contra la crisis deben centrarse en proteger a  los parados y en fomentar el empleo. Y ello sin grave merma de los salarios reales de quienes continúen trabajando, porque si hay una importante y generalizada pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, las menores rentas laborales, además de contribuir también a la contaminación bancaria ya señalada, deprimirán el consumo reduciendo la demanda de bienes y, consiguientemente, la producción y el empleo. Con esto no quiero decir que los trabajadores no deban asumir sacrificios. Todos deberían hacerlo, pero con equidad. En este sentido, hay que recordar que la participación relativa de las rentas laborales en la renta nacional ha ido descendiendo en la última década, desde años anteriores a la crisis. La equidad sugiere que ahora es el turno de los excedentes empresariales, de su núcleo de beneficios.

 

¿Qué hacer contra la crisis?

Ya se sabe, para combatir el problema del paro y paliar sus secuelas deben simultanearse dos tipos de medidas, unas de urgencia, paliativas, de efectos rápidos, y otras  de más calado,  más profundas,  pero también, inevitablemente,  de acción y reacción más lentas, de efectos que asoman a más largo plazo. En otras palabras, hay que combinar un ‘tratamiento de choque’ con  reformas. He dicho ‘ya se sabe’, porque este enfoque dual de la política de empleo es obvio ante crisis económicas como la actual, que no son meramente transitorias o cíclicas sino que afectan al modelo de crecimiento e incluso al propio sistema económico.

 

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