PATRI & CIA

A mi hija Patricia le gusta que le llamen Patri, gusto que comparto sólo a medias. Cuando me dispongo a nombrarla, consciente de su deseo, siento dentro de mí cierta tensión entre los dos vocablos en que queda escindido su nombre de pila, ‘Patri’ y ‘cia’. La mitad de las veces me brota el primero, dándole gusto, pero la otra mitad me place pronunciar ambos, hermanándolos para recomponer su nombre original. Sin embargo, afortunadamente, nunca me ha nacido llamarle Cia.

Patri & cia

Patri & cia

PATRI

Puestos a hacer de la necesidad una virtud, y aun a riesgo de que ello parezca rebuscado, tratemos de ennoblecer este deseo de Patricia de mutilar su nombre original llamándole sólo ‘Patri’. Se me ocurre pensar que quizás fue su repulsión a la CIA (Central Intelligence Agency), esa institución de EE.UU. tan cuestionable y reprobada por sus actuaciones en el mundo entero, lo que le llevó en su día a querer cercenar su nombre de esa manera. Si con ello, deseó renunciar en su vida al estilo CIA de lograr objetivos, llamémosle fervorosamente Patri.

Quizás mi hija pensó que ‘Patricia’ era un nombre demasiado común o corriente para ser realmente un nombre propio y quiso singularizarlo, desprendiéndose de compañías; como se sabe, CIA también se utiliza en castellano como abreviatura de compañía. Aplaudo la posibilidad de que detrás del recorte de su nombre haya un anhelo de sana distinción o autoestima. Pero lo celebraría menos si fuese un gesto de distanciamiento de los demás, de no querer acompañar ni ser acompañada en su vida. Afortunadamente, viendo cómo vive, me alegra comprobar que disfruta de buenas amistades.

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Patri con su amatxo

Otra posible interpretación (todavía más rebuscada que las anteriores) es que, como desde siempre mira tanto hacia delante, deseando progresar, avanzar, bogar hacia el futuro…, pronto (ya en su primera ebullición juvenil) se sintió incómoda portando un nombre terminado en ‘cia’, pues con tilde también se puede entender como ‘retrocede’ o ‘rema hacia atrás’ (en tercera persona singular del presente del verbo ‘ciar’). La amputación de su nombre con este sentido tampoco me disgusta, ya que me permite jugar etimológicamente con la palabra ‘Patri’ (el dativo en la declinación latina de ‘pater’, con significado de ‘’al o para el padre’’) y esperar que, así nombrada, remará hacia su propio futuro, contribuyendo de esta manera al bienestar de sus padres. Recuerdo que hace unos años le di a conocer el poema Jalil Gibran en el que, con la metáfora del arquero, se elogia la buena paternidad. Padres de honor son quienes, a modo de buen arquero, lanzan poderosamente a sus hijos lejos de sí, como flechas que se disparan desde un arco bien tensado, hacia su destino, su propia diana. En este sentido, si Patricia no cía y se convierte en Patri volando con éxito hacia su futuro, nos aportará honra y felicidad.

PATRICIA

Me gusta llamarle así, con su nombre íntegro, cuando me conmueve la nostalgia (todavía, de vez en cuando) y me estalla la admiración (últimamente, con frecuencia). Lo primero, porque, para mi, Patricia sigue siendo Patricio (mi padre) ‘in memoriam’. Ella nació (el 7 de mayo de 1985) cuando él ya agonizaba, y nos reabrió lo que la inminente muerte de mi padre estaba cerrando, la puerta a la alegría. (A propósito, Patricio vino a este mundo en Alegría de Álava, población que hoy también se llama Dulantzi). La nieta heredó el nombre de su abuelo, simbolizando con ello el relevo en la historia de nuestra familia, su turno como portadora de la antorcha de la vida.

La admiración que siento por ella, crecida a lo largo de los últimos seis años en que ha cursado la licenciatura en medicina, me impulsa también a llamarla Patricia. Porque ‘patricias’ se llamaron las nobles familias que patrocinaron Roma, haciendo posible su esplendor, y porque ella ha basado el suyo (su excelencia académica) en los mismos valores romanos en los que se cimentó la ‘Ciudad Eterna’: organización, disciplina, esfuerzo y pragmatismo. Además, ha reforzado su estilo romano de estudiar con la práctica del deporte. “Mens sana in corpore sano”, aleccionó el poeta romano Juvenal; pues bien, Patricia, durante su carrera de medicina, ha cursado también una carrera deportiva participando en exigentes competiciones de baloncesto hasta bregar este último año en la Liga Española Femenina 2, fortaleciendo así su cuerpo y su mente.

Patricia con su beca de licenciada en medicina

Patricia con su beca de licenciada en medicina

Ayer día 29, ella y sus compañeras de promoción (también hubo compañeros, pero pocos) celebraron en el Palacio de Euskalduna de Bilbao el final de su larga y ardua carrera de medicina. Su gesta es admirable: ha terminado en cabeza de un pelotón de más de doscientos estudiantes con una nota media (de todas las asignaturas) de ocho puntos. Enhorabuena, ¿Patri o Patricia?. Sin duda: Patricia.

APOSTILLA

Los clasicos valores ” romanos” en que Patricia ha basado su éxito- buena organización, férrea disciplina, denodados esfuerzos y deporte saludable – no caducan y siempre serán necesarios en una sociedad que quiera progresar. Sin embargo, a veces se olvidan, o no se recurre a ellos lo suficiente, como sucede ahora en nuestro país. Se habla mucho de innovación tecnológica para regenerar nuestro modelo económico y social, y quizás poco de renovación humana, de la cultura del esfuerzo y del trabajo bien hecho. Ambas cosas son necesarias. La innovación es algo así como el negocio redondo para sortear la crisis, pero sólo podremos asirlo y explotarlo con renovados esfuerzos, disciplina y organización.

 Zorionak, Patricia, por tu negocio redondo.

Zorionak, Patricia, por tu negocio redondo.

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