La fortaleza de una superviviente.

————- El 2006 fue un año aciago para ella. En el mes de mayo la muerte le rozó con un imprevisto cáncer de mama, que tuvo que pagar con una mastectomía. Volvió a rondarle a mediados de julio, en un torvo atardecer, aunque esta vez atacó a su marido, infartándole. Nada pudo hacer sino ver cómo expiraba, tras breve estertor, inclinándose sobre la mesa de la cocina donde apuraba una taza de poleo menta. Se sintió desolada, perdida…Había perdido ya un seno, y ahora perdía a su compañero de vida, con cuya ayuda esperaba sobrellevar decorosamente el temor a un posible rebrote del cáncer y las duras secuelas de la quimioterapia. Su desolación creció todavía más cuando al final del verano comprobó que la Seguridad Social le condenaba a una pensión de viuda, lo que suponía perder también casi la mitad de la prestación que habían estado recibiendo hasta entonces.

Sin embargo sobrevivió. Y como “lo que no mata, fortalece”, se ha hecho más fuerte. Hoy disfruta de excelente salud, irradia mayor equilibrio emocional y tiene renovadas ganas de vivir. El 17 de enero celebró, gozosa, sus sesenta y cinco años. Esta mujer fortalecida se llama Maribel y es mi hermana.

Maribel, rebosante en salud, en el alto de " La cruz de Legazpi". Septiembre, 2008.

Maribel, rebosante en salud, en el alto conocido como “La Cruz de Legazpi”.

Maribel entre sus hermanos, en Arrolamendi.

Maribel entre sus hermanos, en Arrolamendi, Oñati.

Maribel en uno de sus circulos de cariño, en el albergue de los Urcelay. Oñati.

Maribel en uno de sus círculos de cariño, en el albergue de los Urcelay. Oñati.

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