Archivo de artículos sobre ‘Reflexión’:
Escrito el noviembre 25th, 2010 por José María Pérez de Villarreal1 comentario
Eric Cantona, extravagante futbolista del Manchester United ya retirado, quiere ahora retirar a los bancos de su juego financiero. La crisis de Irlanda le ha revuelto las tripas. Cabreado, como tantos ciudadanos europeos, quiere dejarles en off-side por lo mal que juegan. Mediante un video en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=-Uop5R7E314&feature=related), nos convoca el próximo 7 de diciembre a desplumarles de recursos retirando el dinero que tenemos depositado en ellos.

La ‘boutade’ del Cantona es tan simpática como ingenua, pues el remedio es peor que la enfermedad. En este caso, matar al perro no terminaría con la rabia. Sin bancos, todos estaríamos peor, y en especial las personas más bancarizadas, o que más están abocados a utilizarlos, las que pertenecen a las clases sociales media y baja. Así pues, hay que curar la enfermedad sin matar al perro.
Tan culpables como los bancos son los reguladores del juego y los árbitros, es decir, los Gobiernos. Hay que cambiar las reglas de juego que permiten a los bancos apropiarse las ganancias con abuso, bajo una fiscalidad poco onerosa, y socializar las pérdidas con impunidad, al amparo de legislaciones bancarias blandas. Y hay que supervisar mejor, mucho mejor, sin hacer tantas veces ‘la vista gorda’ ante contabilidades creativas, maquilladas e incluso compinchadas, y sin ser tan miopes de no ver más allá de las fronteras nacionales en un frondoso campo de juego internacional. Sólo mejorando la regulación y la supervisión bancarias se podrá retirar del perro su mal.
Precisamente en los Presupuestos de la UE para el 2011 se contempla una dotación para poner en marcha la Autoridad Bancaria Europea (ABE) con el fin de subsanar y complementar las tareas de supervisión que hacen los bancos centrales nacionales, hasta hora los únicos competentes para ello. También a principios del pasado mes de Octubre, la Comisión Europea anunció su propósito de establecer en la UE un impuesto especial sobre las actividades financieras que gravaría los beneficios y las altas remuneraciones bancarias. La música de estas dos medidas suena bien en partitura, pero habrá que ver la letra final que se pone y, sobre todo, cuándo y cómo se ejecuta. Del impuesto no se ha vuelto a hablar y la activación de la ABE está en suspenso mientras no se aprueben los nuevos Presupuestos UE 2011, que ahora están bloqueados por desavenencias entre los 27 miembros, pues una prórroga de los del 2010 difícilmente podría alumbrar esta nueva institución.
La ‘Cantonada’ no hará caer el sistema bancario, pero quizás logre zarandear algunos bancos hasta poner al descubierto su pudenda debilidad. Si los políticos, los Gobiernos y la euroburocracia se muestran incapaces de sanear los vicios del sistema, sea a las buenas o a las malas, y cuanto antes, ¿no deberíamos temer que Eric Cantona crease escuela y se lanzasen por Internet cada vez más y más misiles antisistema? Y ¿estamos seguros de que este tipo de excentricidades no acabarían por descentrar la Unión Europea? Por si acaso, ¡que la UE mejore pronto su gobernanza!.
Escrito el noviembre 4th, 2010 por José María Pérez de Villarreal1 comentario
Me ha preocupado hasta hoy el agobio de un amigo (JA) que fue condenado a padecer incontinencia urinaria tras quedar huérfano de próstata en un quirófano. Afortunadamente -me acaba de decir-ya ha vuelto al club de relax de quienes todavía gobernamos nuestras micciones. En mi solidario contento encuentro dos palabras en euskera para dedicárselas a ritmo de JAZZ: «Zorionak Zuri».
* * *
No voy a perorar sobre las incontinencias verbales del ‘morritófilo’ alcalde de Valladolid, ni sobre las del ‘lolitado’ Sanchez Dragó y ni tan siquiera sobre las del ‘perfecto enmerdante’ Pérez Reverte, aunque la perorata sería muy jugosa. Demasiada verba se ha oído ya en el gallinero. Me basta con maldecir pleonásticamente el lustre del que gozan tantos ilustres en esta época de sórdida ilustración.
* * *
El hartazgo ante las incontinencias políticas de los partidos, tanto de quienes gobiernan como de quienes hacen oposiciones para gobernar, me seca la elocuencia. La corrupción y el electoralismo, perversos desenfrenos en boga, no merecen ya ni palabras de condena. Debería enmudecer también, anegándose en verguenza, ese presunto templo de la palabra democrática que llamamos Parlamento.
* * *
Sigue rampante la ‘titulitis’, esa incontinencia universitaria que critiqué en la primera entrada de este blog, hace ya cuatro años. Esta vez el “sobresaliente cum laude” ha sido para J. J. Ibarretxe. Qué fulgurante y tránsfuga carrera la suya: de licenciado en ciencias empresariales a doctor en derecho en poco más de año y medio, desde que se retiró de la política, sin mediar (que yo sepa) cursos de doctorado preparatorios (y preceptivos). Ojalá me equivoque, y si es así ruego disculpen mi incontinencia, pero se me escapa la palabra ‘pelotazo’.
* * *
Tempus fugit, lo hemos musitado estos días (1 y 2 de Noviembre) evocando a quienes ya se han ido, los difuntos. La mortalidad es nuestra gran incontinencia. La vida no se contiene, se va… irreversible, rápida y, en no pocos casos, abruptamente. De ahí que nos convenga extraerle el jugo día a día. Así pues, amig@, rememora las palabras vivas de un poeta muerto, Quintus Horatius Flaccus: Carpe diem.
Escrito el septiembre 15th, 2010 por José María Pérez de Villarrealsin comentarios
“No soy pesimista, sino que vivimos en un mundo pésimo” (José Saramago)
“El saber” no garantiza “saber comportarse”, o en otras palabras, mejorar nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos no necesariamente nos hace mejores personas. Abundan los casos de egregios intelectuales e investigadores que se comportan de forma necia en su entorno profesional, familiar y social; y la historia de la humanidad evidencia que, aunque el progreso científico-tecnológico ha sido el eje central del desarrollo, ha habido también innumerables casos en que los descubrimientos e invenciones se han explotado de forma perversa, en contra de la naturaleza y del propio ser humano. Más aún, el alcance de la ciencia y tecnología modernas es tal que su mal uso no deja de ser una amenaza para el futuro del planeta. Porque, ¿acaso no ceban este peligro la degradación medioambiental y el riesgoso uso (sobre todo, el bélico) de la energía nuclear?
Durante el verano me ha turbado esta dualidad del ser humano, su capacidad de crear y de destruir, su sapiencia y su estulticia. Como mi frustración por el ‘homo stultus’ ha sido más fuerte que mi admiración por el ‘homo sapiens’, dedicaré estas líneas a lamentar la estulticia humana.
La rebelión de la naturaleza ante su necia explotación
En Julio me espantó la visión de Moscú, sitiada por incendios, bajo una oscuridad diurna, asfixiada por fumosas nubes. Fue el parto de una sequía abandonada a su suerte, sin diligencia medioambiental por parte del Gobierno. En Rusia, como en otros muchos países, la naturaleza se explota y se usa sin amor (“diligentia” en latín significa también amor), y de ahí que se sequen sus entrañas y nos niegue sus frutos. Ahora se anuncia que la escasez de trigo ruso congelará las exportaciones al resto del mundo. No me cabe duda de que este frío afectará especialmente a los países más hambrientos.

Pero la rebelión del hábitat planetario contra el desamor de sus habitantes no terminó en Moscú. Pasó a Pakistán en forma de diluvio, provocando desbordamientos fluviales y pavorosas inundaciones; en definitiva, muerte y miseria para millones de pobres e inocentes. A lo largo de todo el mes de Agosto hemos visto imágenes y escuchado relatos que nos han estremecido.
La rebelión continuó, sin fronteras, en otra zona del mundo. A principios de este mes de Septiembre se desplazó a Guatemala en forma, también, de aguas torrenciales, anegamientos de pueblos y destrozos viales. Una vez más, un desastre en un país pobre. Y lamentablemente, esta furia de la naturaleza seguirá emergiendo en otras partes hasta que no cese el maltrato al que le somete el ‘homo stultus’.
Las necias hazañas bélicas
Entre los días 6 y 9 de Agosto, los medios de comunicación bombardearon nuestras conciencias con recuerdos de las masacres de Hiroshima y Nagasaki perpetradas por la milicia aérea de EE. UU hace 65 años. El eco moral de este holocausto nuclear sigue siendo tan turbador que incluso el extravagante Fidel Castro se levantó de su tumba política para advertirnos sobre la inminencia de otra catástrofe.
Ignoro la probabilidad de que se cumpla la profecía de Castro, pero «cuando el río suena, agua lleva», y el río ha sonado varias veces este verano, aunque afortunadamente ha habido más murmurio que estruendo. Sonó el fin de semana del 26 de Julio, cuando las autoridades de Corea del Norte, país dotado de armas nucleares, reaccionaron con crispación ante las operaciones militares conjuntas de EE.UU. y Corea del Sur en el mar de Japón, considerándolas una provocación. También se habló (Olli Heinomen, ex director ajunto del OIEA en Le Monde el 26 de Agosto) de que Irán disponía ya de tres toneladas de uranio poco enriquecido, cantidad suficiente para fabricar una o dos bombas atómicas.
Y se rumorea que Pakistán que, dispone ya de esta arma, corre riesgo de ‘uso talibán’ por causa de la corrupción de su Gobierno y la convulsa situación social en la que está tras las recientes inundaciones.

Noticia en Agosto fue también la retirada del ejército de EE.UU de Irak. Es el principio del fin de una gran estulticia bélica. No ha habido uso de armas nucleares, pero la tecnología de guerra utilizada ha sido suficiente para destruir miles y miles de vidas humanas. Se consiguió derrocar al régimen de Hussein, pero no se ha logrado establecer una democracia sólida ni, desde luego, reforzar la seguridad mundial. Se deja un país sin paz social, con un futuro muy incierto, que se revienta por dentro con estallidos terroristas, amamantado por un fanatismo religioso… ¿Es esto una victoria, una misión cumplida?. Sólo los necios lo pueden considerar así. Venció en su momento una mentira y se ha abocado finalmente a una derrota moral.
Lo grave de los necios es su obstinación y soberbia. Es lamentable que todavía el Gobierno de EE.UU no haya pedido oficialmente perdón al pueblo japonés por la matanza nuclear del año 1945, algo que sí ha hecho el Gobierno alemán por el holocausto de judíos. También resulta grimoso hoy en día seguir oyendo apelaciones a la “guerra justa” para justificar acciones como las que arrasaron Hiroshima y Nagasaki o la desastrosa invasión de Irak. No sé si ‘ex-ante’ (antes de iniciarla) tiene base ética hablar de “guerra justa”, pero ‘ex-post’ no conozco ninguna guerra que haya resultado justa o santa. Más aún, creo que pretender cargar de justicia una guerra es blasfemar contra la humanidad, algo así como rezar a un “Cristo con pistolas”. Si alguien piensa que esta creencia me hace estulto, sepa que no puedo evitar sentirme orgulloso de esta necedad.
Escrito el agosto 5th, 2010 por José María Pérez de Villarreal1 comentario
Mil razones en contra de la tauromaquia no estocarán la devoción que sienten por ella sus aficionados. Ni otras tantas que éstos esgriman para defenderla afeitarán la convicción con que embisten los animalistas (sus detractores). Y es que en este asunto hay corrida de pasiones más que de razones. El raciocinio huye por el burladero ante el empuje del apasionamiento.
El ex-matador Luis Francisco Esplá acaba de reconocer que en este ruedo no hay lidia racional, sino de credos. En unas manifestaciones hechas en los Cursos del Escorial organizados por la Universidad Complutense de Madrid, Esplá ha comparado la cuestión de la tauromaquia con la cuestión de Dios al referirse a los animalistas como “ateos taurinos” y exigirles que respeten los credos y devociones de los aficionados, que en su apreciación serían los teístas. También cree que “el toro no tiene los mismos derechos que otros animales” (sic). Según su fe, este animal estaría predestinado genéticamente a ser sólo un “toro de lidia”, sin derecho a una vida más libre y placentera como otros animales.

Debo de ser hombre de poca fe en cuestiones de tauromaquia pues no percibo nobleza ni arte en la secuencia de acorralar, banderillear, picar, estocar, descabellar y arrastrar ‘post-mortem’ a un ser vivo tan espléndido. Si este espectáculo es cultura, prefiero no ser persona culta.
Escrito el julio 15th, 2010 por José María Pérez de Villarreal1 comentario
Hay sentimientos, emociones y pasiones colectivas que brotan con tanta exuberancia y rúan con tanto frenesí que parece como si la sociedad se volviese loca. Para muestra, lo de estos días con ‘La Roja’. El triunfo de la selección española de fútbol se ha convertido en alocado jabulani, un balón con el que ahora se juega fogosamente a ganar celebridad nacional. ¿Saben que el nombre del controvertido esférico pateado en el reciente campeonato mundial de fútbol significa “celebrar” en idioma isiZulu? España se celebra a sí misma, recreándose con su jabulani, intentando regatear a sus adversidades, jugando a golear a un mundo que le ha coceado en su reputación financiera.
Porque la deuda soberana del Reino de España ha estado (sigue estando) a los pies de los mercados financieros, expuesta a pisotones y patadas, al atropello de desmadrados ‘animal spirits’. John M. Keynes utilizó esta expresión para referirse a estados de ánimo colectivos que de vez en cuando se adueñan de las bolsas de valores para agitarlas con euforia o con depresión. El inversor no es sólo el ‘animal rationalis’ que supone la teoría económica convencional, sino que también se excita ante el fulgor del dinero, tiembla de emoción y se deja arrastrar por las circunstancias hasta la locura. Lo advirtió ya en el siglo XIX Benjamín Disraeli, Ministro de Economía y Hacienda del Reino Unido, diciendo que “si algo enloquece al hombre más que el amor es la cuestión del dinero”.
¿Desvarían los mercados internacionales, sobre todo desde el pasado mes de abril, al desconfiar tanto de la salud del sector público y de la solvencia de su deuda?. ¿Tiene fundamentos su temor? Me he hecho muchas veces esta pregunta. La prensa internacional que alienta la desconfianza pone énfasis en la tasa de paro y en la escasa productividad relativa de nuestra economía, alertando sobre la insoportable carga que estos problemas supondrán para las arcas públicas. Pero, ¿acaso no se sabía esto desde hace tiempo? ¿Son tan tontos que lo descubren ahora? Y si lo sabían, ¿por qué dan tanta importancia en abril del 2010 a lo que supuestamente conocían en abril del 2009 e incluso antes? Me pregunto también por qué, se haga lo que se haga (antes por no ser austeros y ahora por adoptar una política de ajuste severa), se mantiene la desconfianza. Sólo veo una razón, un punto de lucidez en medio de tanto “animal spirits”: el riesgo político que ensombrece las decisiones de Estado en España.
No hace falta que haya riesgo de asonadas militares para que se pueda hablar de riesgo político en un país. Basta que haya sonada beligerancia entre Gobierno y Oposición, así como sangrante desconcierto entre la Administración central y la descentralizada (CC.AA en nuestro caso) para que los pactos de Estado sean riesgosos tanto en su diseño como en su ejecución. No me cabe duda de que la prima por “riesgo país” de la deuda soberana española, que actualmente revolotea en torno a 200 puntos básicos por encima del tipo de interés de la deuda alemana, está cargada de riesgo político, de penas por ese lamentable espectáculo que dan en España los partidos políticos y que observan los faunos de la jungla financiera internacional.
Qué pena que nuestros políticos jueguen al pim, pam, pum, o al rifi-rafe, y no al tiqui-taca, ese armonioso, solidario y persistente estilo de juego que ha hecho ganar a la selección española de fútbol. Mientras no cambien su forma de jugar, temo que sigamos a los pies de los espantados y espantosos “animal spirits”.
« Artículos recientes —
Artículos antiguos »
Comentan