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Las malformaciones de la Unión Monetaria Europea

Escrito el Febrero 2nd, 2012 por José María Pérez de Villarrealsin comentarios

Hace diez años que el euro se hizo visible entre la gente circulando como medio de pago. Tres años antes (en enero de 1999) había sido creado mediante una fusión ponderada de 11 divisas nacionales, entre ellas la rubicunda peseta. La divisa europea nació con malformaciones que fueron criticadas por muchos intelectuales y analistas debido a los riesgos que entrañaban. Pero la voluntad política, quizás henchida de impaciente idealismo, atropelló al  raciocinio precipitando el parto del euro. Sí, fueron los políticos quienes forzaron entonces las cosas.

Me recuerdo como profesor en aquel entonces, explicando en las aulas las ventajas y los inconvenientes de la Unión Monetaria Europea (UME), debatiendo en seminarios sobre si Europa era o no un “área monetaria óptima”. Nos preocupaba el riesgo de que los Estados miembros afrontasen crisis con efectos asimétricos por la diversidad estructural de sus economías. Porque sin política monetaria propia, ni ajustes en el tipo de cambio, tales crisis solo pueden encajarse mediante tres vías: a) una movilidad geográfica (migraciones) de los trabajadores dentro de la UME de modo que los desempleados en los países más afectados puedan acceder al mercado laboral de los menos afectados; b) una flexibilidad de los precios y salarios que devalúe internamente a los primeros y revalúe a los segundos, alterándose menos sus niveles de empleo; y c) una hacienda europea común con compensaciones fiscales automáticas, o alternativamente, un banco central europeo que auxilie a los países más afectados adquiriendo sus emisiones de deuda pública. Pero, debido al insignificante presupuesto económico de la Unión Europea y a la prohibición de comprar directamente  deuda pública que se impone al Banco Central Europeo en sus Estatutos, la vía c) estaba cerrada, de modo que solo cabía pensar en las soluciones más conflictivas: la emigración de los trabajadores en paro o el empobrecimiento social que conlleva una devaluación interna. De ahí nuestra preocupación de entonces, lo que muchos temíamos en los albores del euro.

Ni decir tiene que tal temor se ha cumplido. La crisis actual, aun siendo global, no ha afectado por igual a todos los países de la zona euro, sino que ha tenido consecuencias asimétricas. Así, España está padeciendo un deterioro relativamente mayor por causa de una estructura económica demasiado sesgada hacia el sector de la construcción y porque este se financió excesivamente con recursos internacionales a través del sistema bancario. Dado que la vía c) sigue estando bloqueada y que el recurso a la emigración parece bastante limitado (solo a jóvenes bien preparados), nuestros gobernantes apelan a la devaluación interna como principal salida para ese ingente ejército de parados (son ya más de cinco millones) que por ahora, sorprendentemente, se muestra poco belicoso. Apretarse el cinturón, sacrificio de rentas (sobre todo salariales), reducción de costes para ofrecer precios más competitivos y poder exportar más, trabajar más con menos recursos y por menos dinero etc. son las ruedas sobre las que se mueve el discurso de una devaluación interna que además se está acompañando con una política de austeridad pública deprimente (aunque hay quienes la consideran “creativa”).

Es innegable que en la UME hay países con malformaciones internas que precisan corregirse. En España, por ejemplo, se necesitan reformas en el mercado de trabajo (hay que parar el paro), en el sector financiero (sobra descrédito de los altos ejecutivos y falta crédito para las pymes), en las Administraciones Públicas (cómo defraudan en su lucha contra el fraude fiscal) y en otros ámbitos. Pero no menos evidente es que el euro adolece, como ya se ha dicho, de grandes carencias institucionales, como son la insignificancia de una hacienda europea común y la incapacidad estatutaria del BCE para luchar contra el paro (no solo contra la inflación) y para adquirir directamente deuda pública de los Estados miembros en situaciones de emergencia. En este sentido el dólar tiene clara ventaja, tiene un entramado institucional mejor hecho, pues en EE.UU hay un presupuesto federal significativo, un Tesoro federal que emite deuda y una autoridad monetaria, la Reserva Federal Americana (RFA), que la puede comprar, y que además la compra siempre que sea necesario para financiar políticas de estímulo en contextos de recesión. No en vano en los Estatutos de la RFA, en cuanto a sus objetivos, “tanto monta, monta tanto” la lucha contra la inflación como la brega contra el desempleo.

He dicho antes que quizás el euro nació prematuramente, forzado por un impaciente idealismo de los políticos europeos de entonces. Hoy en día otros líderes políticos (con mucho peor estilo,  a lo Merkozy,  en plan de descarado duopolio)  se obstinan en mantener sus congénitas malformaciones. Veremos a dónde nos lleva el Pacto Fiscal que propugnan. De momento no nos abren la vía c), la de la solidaridad fiscal y financiera, sino que, con el cántico de  “allá  te las arregles”, nos empujan hacia la vía crucis de la devaluación interna y la austeridad pública.  Como consuelo  nos dan  su vaticinio de que  por esta vía se llega a la autopista del crecimiento. Pero, al no desvelar el  misterio de cómo crecer en estas circunstancias, da la impresión de que tan solo nos regalan una opiácea esperanza.

Me drogo esperando que nuestra vía crucis no se convierta en una vía mortis sin resurrección. Y me deseo: on egin, que aproveche.

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Gobernar “como Dios manda”

Escrito el Diciembre 31st, 2011 por José María Pérez de Villarrealsin comentarios

 Es el gobierno que nos prometió Rajoy en una sesión parlamentaria preelectoral. Es de suponer que con esta castiza expresión no quiso referirse a un gobierno teocrático (Dios nos libre), sino a uno donde mande el sentido común, como al parecer él mismo matizó. Ahora bien, ¿a dónde nos lleva el sentido común?. Si de la vista, el oído, el olfato… se dice que con ellos uno percibe lo que quiere percibir, ¿qué cabe esperar del sentido común, del que también se dice que es el menos común de los sentidos?. Y es que el adjetivo “común” suele cargar de falacia, e incluso de felonía, al sustantivo que acompaña. Piénsese por ejemplo en el cacareado “bien común”, en aras del cual con frecuencia se inmola a mucha gente inocente para privilegiar a algunos sinvergüenzas.

Pero, ¿qué es sentido común? Supongo que la facultad de percibir lo que es obvio, claro, indiscutible… tanto para uno mismo como para los demás. La referencia comunitaria parece esencial. De ahí que sea harto improbable que haya sentido común, y asaz arrogante pretender conducirse y conducir a los demás bajo su presunta luz. Pocas cosas (si alguna) son obvias e indiscutibles en el mundo, la vida, la sociedad y la economía. Apelar sin recato al sentido común es mancillar la verdad. Y revestirse de él para justificar ciertos actos una obscena impostura.

Ayer conocimos algo de lo que el Gobierno popular cree que es de sentido común para solucionar los graves problemas de la economía española. Al menos para mi no es tan obvio que lo que proponen sea lo más adecuado. Pero no voy a discutir aquí y ahora las medidas de austeridad anunciadas ni el pretexto (su estimado déficit  público del 8% del PIB) que esgrimen para justificar su fiereza. Solo quiero desear al nuevo Gobierno que estrene el nuevo año “como Dios manda”, evocando para ello el consejo de una santa.

Teresa de Cepeda y Ahumada, santa abulense, nos dejó escrito el siguiente consejo: “Humildad es verdad”. Así pues, deseo al Gobierno Popular que sea menos arrogante para ser más verdadero.

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La elocuencia de las elecciones 20-N

Escrito el Noviembre 21st, 2011 por José María Pérez de Villarrealsin comentarios

Si otras veces la voz del pueblo, o mejor dicho, las voces de los distintos pueblos que conforman el actual Estado español han resultado ambiguas, esta vez han sido mucho más claras. Al menos así las escucho yo.

En Euskalherria ha sido elocuente el silencio de ETA. Enmudecidas las armas, han hablado solo los votos. Y estos sugieren que sin violencia el nacionalismo gana. El éxito de Amaiur revela la castración democrática que ha supuesto para la izquierda abertzale su connivencia con ETA.

En Catalunya los votos han contradicho las protestas por los recortes de gasto de la Generalitat. La coalición CIU ha remontado electoralmente a lomos del sacrificio social que está imponiendo.  El pueblo catalán parece creer en el milagro de la “austeridad creativa”.

Con facundia (excepto en Sevilla) se han expresado los ciudadanos en el resto del Estado español al votar por el Partido Popular. Y es que la crisis económica ha facilitado mucho esta azulada expresión electoral. Como se sabe, azul es el color del PP. Aunque tener facundia no significa “ser caradura”, como erróneamente creyó el portavoz de este partido, Sr. Pons, en un intento de afear a Rubalcaba en la precampaña, me atrevo a plagiarle (al amparo del buen humor del que supongo goza ahora) diciendo que desde ayer una facunda España tiene abrumadora “cara azul”.

La rosa socialista, como se esperaba, se ha marchitado en casi todas partes. Este otoño, coincidiendo con la caída de las hojas, el PSOE ha perdido estruendosamente más de cuatro millones de pétalos. Pero, según dicen, el partido socialista ya ha convocado a su primavera.

Sonora ha sido la escalada de votos a favor Izquierda Unida. En IU han convergido las protestas de muchos defraudados por el PSOE y las voces de indignados 15 M. Once indómitos contrapuntos rojos (diputados) para tanto repunte azul.

Y atronador ha sido el ascenso de UPYD, a pesar de la ley D’Hont. Mucho Madrid  (¿y madridismo?) en su quinteto de diputados.

Finalmente, ¿qué decir de Equo? Que ha sido más susurro que viento. Todavía están verdes. Una pena.

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Redimenda est Hispania?

Escrito el Noviembre 19th, 2011 por José María Pérez de Villarrealsin comentarios

Sobre el rescate de España están circulando dos leyendas, una financiera y otra política. En la primera, narrada por agoreros, se vaticina la quiebra de la deuda pública española y con ella la  ruina de nuestro Estado de Bienestar. La segunda viene a ser un cántico del Partido Popular en el que se postula la redención de la política española tras ocho años de secuestro socialista.

Sobre el rescate  financiero de España

 En mayo del 2010 afloraron las primeras dudas sobre la solvencia de la deuda pública española. Hasta entonces los mercados financieros habían permanecido relativamente mudos, tranquilos o dormidos ante el devenir de nuestras finanzas públicas y eso que en los años 2008 y 2009 ya hubo tanto estrépito económico como para despertar a un muerto. Es de suponer que los atontó su embriagante racionalidad. En cualquier caso,  desde entonces no pocos, sobresaltados o quizás exaltados por el despertar de los mercados,  apuestan por una España rescatada, como lo han sido ya Grecia, Irlanda y Portugal.  

¿Rescate de España? Repasemos algunos datos. A pesar de todas las turbulencias padecidas y  que han elevado el coste marginal de la financiación pública española, rozando antes de ayer el nivel  del 7% para los bonos a diez años, lo cierto es que su carga financiera media (tipo de interés medio de toda la deuda viva) no llega aún al 4%. Descontada la inflación (un 3%), el coste real medio está todavía por debajo del 1%, porcentaje este muy cercano al ritmo al que crece la producción de bienes y servicios (PIB real), que es la renta de la economía. Conviene advertir que este coste, y no el coste marginal de un determinado título de deuda (y menos  sin descuento de la inflación) es el que hay que considerar para decidir si un país debe o no ser rescatado.

 Además, según el Informe Económico de Octubre 2011  del Banco de España (pag 60 y ss), la carga financiera absorbía no más que el 2,5% del PIB al término del primer semestre de este año, 2011. Aunque esta absorción haya crecido en los últimos meses por el aumento de la prima de riesgo en las nuevas emisiones de deuda, todavía está por debajo de la media de los  países de la Unión Monetaria Europea (un 3%). Ello es así porque el porcentaje del PIB que supone actualmente el stock de deuda pública española es todavía, a pesar de todo, mucho menor que el porcentaje medio de la UME (aproximadamente, un 65 % frente a un 85%).  

 Estos y otros datos muestran que, por ahora, no hay base lógica (fundamentos financieros) para esperar un rescate. Es innegable que la economía española alberga graves problemas internos (paro, estancamiento, ineficiencia económica del Estado de las Autonomías etc.) y afronta adversas circunstancias externas (crisis internacional, desastrosa gobernanza europea etc.), y que, de prolongarse todo ello, se erosionarían más  las finanzas públicas, haciéndose mucho más probable el rescate. Pero, hoy por hoy,  esperarlo de forma inminente es una febril especulación, y anunciarlo con fines electoralistas una perversidad.

Rescate político de España

El Partido Popular, mientras ha estado atrincherado en la oposición, ha apadrinado la leyenda del rescate financiero para hacer más estruendosa su leyenda del rescate político. Consúltense las hemerotecas (ayer mismo la portentosa Presidenta de la CM, Esperanza Aguirre, proclamó que, a no ser por el BCE, España estaría intervenida). Si las encuestas aciertan, mañana ganará el PP y, según ellos, España será políticamente rescatada. Pero, tras su victoria, no sólo dejarán de apoyar la leyenda del rescate financiero sino que la combatirán ferozmente con los mismos argumentos que ahora desconsideran. Es lo que pasa cuando los políticos se revuelcan en hediondos oportunismos partidistas en vez de aliviarnos (a los ciudadanos) con fragantes oportunidades aprovechadas bajo una colaboración responsable. 

Del rescate financiero de un país se conocen bien sus secuelas: sangre, sudor y lágrimas bajo el látigo de controladores internacionales. Por el contrario, poco se sabe de las consecuencias que acarreará el rescate político de España por parte del PP. Sobre ello también bulle una espesa especulación. De todas las ocurrencias vertidas me quedo con la beatífica promesa  del  Sr. Rajoy: “Voy a traer la felicidad a España”. Rezo para que esta felicidad no la controle el Cardenal Rouco Varela.

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Del “crédito sin política” a la “política sin crédito”

Escrito el Septiembre 27th, 2011 por José María Pérez de Villarreal1 comentario

 Así hemos transitado. Nuestra interminable crisis surgió tras una expansión crediticia desbocada bajo un “laissez faire” irresponsable, sin una política reguladora diligente. Y hemos abocado a una política sin crédito, es decir, a gobiernos regionales, nacionales e internacionales ineficaces, decepcionantes, desacreditados.

Recuerdo que en agosto del 2007, cuando aparecieron los primeros brotes negros, escribí sobre la crisis utilizando la metáfora de las cucarachas. Cuatro años después compruebo que todavía no ha cesado el desfile de estos bichos, es decir, de problemas en el sistema financiero. Siguen y siguen asomando en interminable procesión. Lo acaba de advertir el FMI y de reconocer nuestro Ecofin: todavía se necesita recapitalizar más la banca de la zona euro. Indigna, sí, indigna oírles decir que aún quedan cucarachas tras haber transcurrido ya cuatro años durante los cuales se ha cuidado con mimo a los malhechores financieros mientras que se han impuesto medidas de sangre, sudor y lágrimas a ciudadanos inocentes.

En otro post también comenté lo perentorio que era un buen apretón entre la mano invisible que presuntamente guía a los mercados y la mano visible de la política. Pues bien, más que armonioso apretón parece que ha habido un tenso pulso de manos con resultados, hasta ahora, desfavorables para la política. Mandan los mercados orquestados por las agencias de calificación de riesgo. Que estas, habiendo sido cómplices (por falta de profesionalidad e incluso de honestidad) de la plaga de cucarachas, hagan temblar, todavía hoy, a los Gobiernos con sus oráculos y recomendaciones es algo que provoca irritante perplejidad. La credibilidad de la que aún gozan es, sin duda, el mayor descrédito de nuestros Gobiernos.

Obama ha perdido carisma y su voz repercute menos que la de la agencia Standard&Poors (recordemos los temblores de los mercados en agosto pasado cuando esta agencia rebajó la calificación de la deuda USA). La Unión Monetaria Europea está minada con bombas especulativas de destrucción masiva por la desconfianza que provocan la insolidaridad de algunos Estados miembros, las desavenencias y contradicciones entre las instituciones europeas, la falta de diligencia en la gestión de la crisis griega  y la ruta de miope austeridad que nos fuerzan a seguir Merkel y Sarkozy. En nuestro entorno más cercano, Zapatero es ya, de facto, un expresidente arruinado políticamente. Su bancarrota se veía venir desde hace ya más de un año, cuando quebró su  pulso socialista y se dejó abducir por las circunstancias. Y en este breve repaso del descrédito de la política, ¿qué decir de Rajoy, presunto vencedor (según las encuestas) en esta ruina? Que, si no quiere aparecer como  un vencedor carroñero, ni como un paladín del descrédito,  tendrá que probar con su gestión que es cierta su tesis, tantas veces proclamada,  de que “Zapatero es el principal problema de la economía española”. De momento los faunos financieros no le han creído, pues, desde que Zapatero anunció (en julio) su retirada y la celebración de elecciones en el 20-N, la bolsa y el mercado de deuda soberana española, que dan por descontado que él será el nuevo presidente, han padecido horrores. Y todavía  siguen bajo la tortura de la incertidumbre.   

Ecce vox pecuniae. Según recoge la prensa  hoy,   Alessio Rastani, un agente de bolsa independiente, dixit en una entrevista concedida a la BBC: “La crisis es un sueño hecho realidad para aquellos que quieren hacer dinero”. Sigue: “Personalmente me da igual (el futuro de la economía). Soy un operador financiero, a mi no me preocupa la crisis. Si veo una oportunidad de ganar dinero, voy a por ella. A la mayoría de los especuladores no nos preocupa cómo arreglar esta situación. Nuestro trabajo es ganar dinero con esto”. Y prosigue, refiriéndose a los planes de rescate en la zona euro: “los Gobiernos no van a arreglar nada. Los Gobiernos no dirigen el mundo, lo dirige Goldman Sachs y a éste no le importa este rescate”.  Así están las cosas.

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